Rafael Salcedo

MOMENTOS DEL ZAYAS
Un estilo de vida

Rafael Salcedo Merchante
Profesor de Servicios de Restauración

Todavía recuerdo ese día. La presentación era a las 11.00 h. y, como de costumbre, llegaba tarde. Anduve más de tres horas de acá para allá, preguntando a todo ser viviente por el, entonces, “Instituto El Tejar”, nadie sabía nada, y algún que otro simpático me tuvo dando vueltas por todo Majadahonda hasta que, ya desesperado, decidí ir al Ayuntamiento con el ánimo bastante cargado. Una vez allí, ¡que sorpresa!, no era el único. Un par de chavales, delante de mí, exigían indignados que alguien les informara del lugar exacto de la nueva “Escuela de Hostelería”. Eran Miguel y Eduardo, de Carabanchel, los dos primeros que conocí y de los que mejor recuerdo guardo. A pesar de los datos que nos dieron, no nos fue fácil encontrarlo y claro, cuando llegamos, ya todo había terminado. Pasamos el primer año y parte del segundo cosiendo botones, marcando la mantelería (seguro que Ana Blanco lo recuerda con claridad) e incluso, las primeras cocinas que se pusieron, las bajamos nosotros de los camiones.

Fueron años de transición, de puesta en marcha de muchas ilusiones y, poco a poco, aquello comenzó a tomar un cierto aroma a hostelería, el cual todavía hoy se respira por muchos de los rincones de la Escuela. Sin darnos apenas cuenta, nos sorprendimos con el uniforme en el Restaurante y sirviendo la comida como si realmente fuésemos camareros. Que tontería, hoy me doy cuenta, que, aunque le poníamos cariño y seriedad, sólo jugábamos a ser el mejor. También entonces, pasábamos por cocina y, de verdad, todavía hoy, aunque muy orgulloso de la especialidad que elegí, me asalta la duda de si realmente la elección era la correcta o si mi decisión estaba condicionada por mi carácter dicharachero y alegre que, por aquel entonces, me parecía incompatible con la cocina.

Durante el tercer año todo cambió, éramos la “Primera Promoción” y, aunque unos fueron a cocina y otros a sala, formamos un grupo bastante aprovechable, el cuál, con los años, ha dado profesionales de reconocido prestigio que hoy ocupan en la Industria Hostelera puestos de responsabilidad. Con la mayoría de ellos guardo una estrecha AMISTAD, propiciada por esta PROFESIÓN.
No podría escribir estas líneas sin por lo menos nombrar a todo este bestiario de compañeros y amigos ZayasFP nº 4 sin los cuales yo no sería hoy la persona que soy, pues forman parte viva de mi Historia Personal y de mi Proyecto de Vida: Pepe Roch (Pepito), Cesar García, Roberto Quero, Jorge Vaca, Enrique Fdez. (Quique), Iñaqui e Iñaqui, Aceitero, Víctor Mañé, Víctor Inocencio, Flores, Chivite, Julito, Javi y Chusi, Chiqui, Raquel Díaz, Mónica Quintero, Graciela y Mónica, y el abrazo inolvidable para Raquel, a quién Dios se nos llevó, como siempre se lleva a su lado a los mejores (nosotros no te nolvidamos).

Aquel cambio nos trajo también nuevos profesores, y de los que mejor recuerdo guardé durante estos años, fue de algunos que aún hoy “siguen luchando por formar personas antes que por formar camareros y cocineros, que a estos les irá haciendo la vida”. Sería imposible acordarme de todos, pero hay algunos que no olvidaré jamás: Mercedes (entonces la Dire), Edita (de mates), Paula (hoy un puesto
importante en la Administración), Josefina (majísima), Ana (mi primera profe de hostelería), Isabel Sobrino y Mª José (formadoras de personas), Javier Palacios, (un gourmet y un gran tecnólogo), Rodrigo Villaroel (una buena persona), y no podría olvidarme de alguien que ya no está entre nosotros, pero que siempre me ayudó y me supo escuchar en todo momento, PEPE, El Subdirector, un profesor de los de antes, con todo lo que esto conlleva. Y, por supuesto, si alguien marcó mi vida profesional, ese fue José Mª Pérez Pascual. Reunía todas las aptitudes que cualquier chaval de mi
edad ambicionaba tener, y supo despertar en mí, y en muchos otros, inquietudes y reflexiones. Nos ofreció la responsabilidad del trabajo como forma de madurar en la vida. Todavía hoy es un espectáculo acudir a una de sus clases y ver a jóvenes embelesados por la profesión, rebosando hostelería como espuma de cerveza. Hubo muchos más, pero en mí, como persona, no dejaron huella.

Unos con más dificultades que otros, pero la mayoría terminamos nuestros estudios en La Escuela y dimos el salto al mundo laboral.

Desde entonces no ha habido un solo día en el que me haya podido “quitar la chaquetilla” y siempre he andado “tomando comanda a la vida” y “decantando experiencias”, “compartiendo mesa” con el quehacer diario e intentando encontrar la receta del “cóctel” que da la felicidad y que se sirve en “Vaso de Fantasía”. Y un día cualquiera, de esos en los que parece que no va a pasar nada, volví a La Escuela, entré de nuevo en el comedor y, tras el Buenos Días, pasé lista como lo haría cualquiera, pero con el lindo recuerdo de que hace algún tiempo aprendí donde hoy intento enseñar.

VALE QUIEN SIRVE
Madrid a 24 de Mayo de 2008
Artículo publicado en la revista nº 4 del I.E.S. María de Zayas y Sotomayor de Majadahonda



Notas enviadas por:

Mariano Castellanos Martín

   

Mª Ángeles Hermoso

   

Gabi Müller

   

Iñaki Camba

   

Sonia Cortés

   

José María Pérez

   

Ángel García

   

Jesús Yraola

   

Rafael Salcedo

   

Ernesto Ancel

   



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